Anímic en la [2] de Apolo (Octubre 2011)

Anímic son algo atípico dentro del panorama musical, en el que los grupos musicales solamente muestran complicidad y cohesión sobre el escenario, y ya es pedir mucho. La música los ha unido y han acabado formando una especie de familia musical, una idea casi como de otra época. Viven todos juntos en Collbató, a los pies de la montaña de Montserrat, un paisaje que seguro los inspira para crear sus composiciones folk, delicadas, con letras que solo pueden surgir de la observación directa de la naturaleza. A todo esto hay que sumarle la originalidad de la propuesta gracias a las diferentes nacionalidades de conforman el proyecto: la cantante, Louise Sansom, es inglesa de nacimiento pero catalana de adopción. Así, intercalan canciones en catalán cantadas por la intensa y emocional voz de Ferran Palau, y composiciones en inglés, cantadas por Sansom.

Además, en su refugio vital en Collbató, no se permite la entrada del capitalismo musical encarnado en los jefazos de discográficas. Ellos autoeditar sus discos, porque si quieres que las cosas salgan bien, mejor hacerlas tú mismo. Hannah es su más reciente publicación, en el que uno de los protagonistas de las letras son el amor hacia la familia, encarnado en la madre de Sansom (“1979”) y el cariño a su propia hija (“Blue Eyed Tree”)

Y con todas estas premisas, el pasado 4 de octubre el grupo presentaba su nuevo disco, Hannah, ante la sala [2] de Apolo a rebosar, hecho que les sorprendió a ellos los primeros. “Por fin os hemos llenado la sala”, palabras que dedicaba la cantante a los encargados de la sala. El concierto, organizado por el club de cultura TresC, era gratuito para los poseedores de la tarjeta.

El concierto fue uno de esos en los que si no bailas, es que es genial. La audiencia de Apolo no podía apartar la vista del escenario, donde Ferran Palau cantaba, con los ojos cerrados, canciones como “Trenco una branca”, que abrió el concierto, para seguir con Boirina, también del nuevo trabajo, sin olvidar sus canciones más conocidas, como “Ken Forest” y “Les fulles fan d’ocells” del aclamado por la crítica, Himalaya. Anímic logra crear una atmósfera muy especial en cada una de sus canciones, tanto cuando cantan en catalán como en inglés. Louise Sansom es casi etérea cuando canta, mirando hacia el infinito. Entre canción y canción, deleitaba al público con sus gracias, contando anécdotas sobre lo que se le pasase por la cabeza. Además, tuvieron un gesto muy especial con los técnicos de la sala, a los que dedicaron un largo agradecimiento por su buena labor.

Casi una hora y media de repaso de toda la carrera de Anímic, contrastando baladas intimistas, como la que cantó Ferran Palau al final en soledad, “La pols i el punyal” o canciones con momentos más intensos rítmicamente, casi inesperados, como la que cerraba el concierto, “Taut”, ideal para cerrar un concierto por su simbología de “final”, señalaba Sansom para risa de todos los presentes. Un concierto que acabó con el público satisfecho por haber visto algo inusual, casi puro.

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