La arquitectura sonora de Wild Beasts en Apolo (Septiembre 2014)

Wild Beasts por Sàmuel Prim

Wild Beasts por Sàmuel Prim

En medio de una curidad rojiza, tras unos instantes de silencio y expectación contenida, empieza a sonar Mecca. Primer aviso al público de lo va a acontecer y una invitación al singular universo sonoro de la banda. Con una puntualidad no tan británica (20 minutos de retraso) Wild Beasts abordaban su primer concierto en sala de nuestro país, hasta entonces solo se habían dejado ver en escenarios al aire libre dentro del contexto festivalero.

Encapsulado todo su sonido en la Sala Apolo, siguieron con Bed Of Nails, constatando que son capaces de trasladar toda la sutilidad y riqueza de matices del estudio a la contundencia del directo. Con suficiente criterio para combinar el protagonismo del sintetizador en los temas del último disco Present Tense con la calidez de instrumentos orgánicos (Reach a Bit Further) de sus trabajos anteriores.

Tejen su arquitectura sonora sin despeinarse, en sus manos parece fácil construir melodías hipnóticas (The Fun Podwer Plot). Destaca, como no, los juegos vocales entre sus dos cantantes, aunque el bajo volumen en algunos momentos los diluía entre los instrumentos. Se suceden las canciones y con poco que objetar en el apartado técnico, también es cierto que la actitud de la banda transmite un entusiasmo irregular. Ejecutando con solvencia un guión que no da lugar a interpretaciones libres ni a profundizar o re formular su propio discurso.

De repente, llega We Still Got The Taste… y el público enloquece, la banda transforma de forma contundente sus rarezas a hits coreables. La orgía guitarrera levanta los ánimos y seduce al público hasta el último bis, Lion’s Share, tema en el que la banda se vuelca por completo y lo convierte en la mejor experiencia de la noche. Más vale tarde que nunca.

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